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domingo, 10 de diciembre de 2017

MERTON: DE SUS PALABRAS FINALES.

        En fecha como la de hoy, Merton pronunció en Bangkok la conferencia Marxismo y perspectivas monásticas, que aparece en el Apéndice VII de su Diario de Asia. No imaginaba que era el último día de su vida y algunas de sus últimas palabras. Las traemos hoy, casi escogidas al azar, para recordar su muerte y sobre todo su fructífera vida, pidiéndole su cercanía y ayuda.  





"A partir de ahora, hermano, cada cual se tiene por sus propios pies.
Creo que es a eso a lo que apuntan el budismo, el cristianismo...y el monacato, si se entiende en términos de gracia (...)
Ya no podemos confiar en el respaldo de unas estructuras que pueden ser destruídas en cualquier momento (...) En el zen hay un dicho (...) que, en cierto sentido, es análogo: 
" ¿A dónde vas desde lo alto de un poste de treinta pies?"

  THOMAS MERTON, 10 de diciembre de 1968



"A los cincuenta y tres años, en 1968, obtuvo el permiso para viajar al Lejano Oriente. Al participar de una conferencia de abades de monasterios contemplativos cristianos de toda Asia, buscaba acercarse más íntimamente a la espiritualidad oriental. Visitó diferentes monasterios budistas, habló muchas veces con el Dalai Lama, dirigió debates y dio una charla para los monjes y las monjas reunidos en la conferencia.
El 10 de diciembre de 1968, poco después de la conferencia, lo encontraron muerto en su habitación. Se había electrocutado con un ventilador averiado. Su cuerpo fue llevado de regreso a su monasterio de Getsemaní  (Ky, E.U), donde fue enterrado 
el 17 de diciembre."

HENRI NOUWEN. Encuentros con Thomas Merton.

Imagen:  Ofrendas 3. Óleo de Silvia Rodríguez Rivero



  

viernes, 8 de diciembre de 2017

MARÍA, HERMANA NUESTRA.


"En la Galilea del siglo I, pobre y explotada, agitada políticamente y desestimada en lo religioso, sucedieron cosas admirables. Allí, una mujer, María de Nazaret, se convirtió en testigo de algo inmenso: testigo de la entrañable misericordia de Dios. De lo que es y hace ese Dios. De sus costumbres y maneras, de su tendencia a adelantarse y a tomar la iniciativa para bendecir y hacer bien.


María era una mujer de pueblo, y nada más. Su mínima densidad social muestra lo que Dios ve, en qué se fija; y su vida corriente revela cómo ese Dios se abre paso en la historia concreta de los hombres y mujeres, de cualquier época.

Teresa de Lisieux, que sabía poca cosa de crítica textual o de cuestiones historiográficas, intuía algo de todo esto, cuando se sentía atraída por María, al imaginarla mezclándose con las demás mujeres y andando por la vía común. Creía que la «llena de gracia» había vivido pobremente, sin «éxtasis, ni raptos, ni sonoros milagros», y le cantaba: «Tú me haces comprender que no es cosa imposible caminar tras tus huellas».

Cada año, vuelve la «fiesta de la gracia de María», la fiesta que celebra que estuvo envuelta, anticipadamente, en el amor y la fidelidad de Dios. Y celebramos lo que esa gracia especial descubre: que eso es lo que quiere hacer Dios, el camino que quiere recorrer con todos los seres humanos: envolver la vida de todos en ese amor absoluto.

Pero María era, también, una mujer libre y con capacidad de decisión. No se vio forzada por Dios, ni por su gracia anticipada. Y, cuando el Espíritu llamó a su vida, no dio un paso adelante porque no le quedara otro remedio. Dijo: «que se cumpla en mí tu Palabra», y lo hizo desde su fe y su libertad. Así es como pudo el Espíritu crear en ella una vida nueva.

Cuando el Espíritu de Dios encuentra abierta la puerta de la libertad humana y de la confianza, crea, realiza algo nuevo, algo que será un fruto para los demás. Ese es el modo de actuar del Espíritu de Dios, que en María se hace especialmente transparente.

Celebrar la Inmaculada es recordar que hay una buena noticia para todos los seres humanos y es mantener la esperanza en esta tierra. Es revivir la acción poderosa de Dios, poderosa en el amor y fuerte en la fidelidad. Pero conlleva un riesgo: el de perder de vista lo que la Iglesia, con paciencia y profundidad, ha logrado recuperar de María de Nazaret. Todo aquello que llevó a Pablo VI a llamar a la Madre de Jesús, «verdadera hermana nuestra».

Devolver a María su humanidad, en nada disminuye su grandeza. Muestra su hondura –la que puede alcanzar el ser humano– y su inmensa capacidad, su ser imagen de Dios, en definitiva. Y revela la presencia creadora, la fuerza de la Palabra cuando es acogida.

Los escuetos relatos bíblicos dejan el rastro que se puede seguir para acercarse a María. ¿Qué sucedió? Nadie lo sabe exactamente. María aceptó la palabra que Dios le dirigió, dio fe a la presencia del Espíritu y respondió libremente: así se hizo carne Dios.

La magnitud del misterio, no disipa el rigor de la historia ni trastoca mágicamente las circunstancias. Más bien, desvela cómo lo grande se realiza a través de lo pequeño.

La decisión de María cambió la historia de la humanidad, pero tuvo para ella consecuencias graves y la llevó a recorrer un camino difícil. Si conoció la inmensa alegría que nace de vivir con el ancla echada en Dios y de la fe compartida, también vivió la más larga y dolorosa soledad.

Teresa de Jesús recordaba a María al pie de la cruz y decía que estaba allí «no dormida». Hablaba de una mujer despierta en el mundo, consciente del dolor y de las fosas de desesperanza que pueden tragarse a la humanidad, a la vista de la injusticia. Porque lo que María veía era a su hijo, que había sido repudiado sin haber hecho nada malo, hasta el punto de ser torturado y condenado a muerte por los poderes del momento.

El siglo XXI está lleno de Galileas. Lugares desechados, en el tercer mundo y en el primero. Poblados de chabolas, barrios deprimidos, ciudades arrasadas por las guerras, países hundidos bajo dictaduras, de la mano de un hombre o del puño del dinero. Y está, todavía, lleno de mujeres que no pueden levantar la cabeza como lo hizo María: con libertad y dignidad.

Su Cántico es el canto de una mujer verdadera y por eso puede tender la mano a quienes habitan en esos lugares. Su gracia se hace solidaria y se extiende por generaciones, como la misericordia de Dios, que deshace el camino de los poderosos y endereza a los hundidos.

Esta mujer es María Inmaculada, «verdadera hermana nuestra». La mujer de fe, que reclama y sostiene en los creyentes la confianza en Dios, la fe que puede hacer que sigan sucediendo cosas admirables en todas las Galileas."


GEMA JUAN


sábado, 2 de diciembre de 2017

ADVIENTO Y VIDA.

"El misterio de Adviento en nuestras vidas es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía Cristo. Es el comienzo del fin de la irrealidad. Y eso, sin duda, es motivo de alegría. Pero por desgracia nos aferramos a nuestra irrealidad, preferimos la parte al todo, continuamos siendo fragmentos, no queremos ser ”un solo hombre en Cristo”.

Adviento, para nosotros, significa aceptación de ese comienzo totalmente nuevo. Significa una disposición para hacer que la eternidad y el tiempo se encuentren no sólo en Cristo sino en nosotros, en el Hombre, en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestro tiempo. Si hemos de entrar en el comienzo de lo nuevo, debemos aceptar la muerte de lo viejo. El comienzo, pues, es el fin. Hemos de aceptar el fin, antes de poder empezar. O más bien, para ser más fieles a la complejidad de la vida, hemos de aceptar el final en el comienzo, ambos juntos".

THOMAS MERTON

lunes, 27 de noviembre de 2017

ESE QUE SUFRE...

“Al final de nuestra vida seremos juzgados sobre el amor, es decir, sobre nuestro concreto  compromiso de amar y servir a Jesús en nuestros hermanos más pequeños y necesitados. 
Ese mendigo, aquel necesitado que extiende la mano, es Jesús; ese enfermo que debo visitar es Jesús; ese encarcelado es Jesús; ese hambriento es Jesús. Pensemos en esto.
(...)
Jesús vendrá al final de los tiempos para juzgar a todas las naciones, pero viene a nosotros cada día, de tantos modos, y nos pide acogerlo. 
La Virgen María nos ayude a encontrarlo y recibirlo en su Palabra y en la Eucaristía, y al mismo tiempo en los hermanos y en las hermanas que sufren el hambre, la enfermedad, la opresión, la injusticia. Puedan nuestros corazones acogerlo en el hoy de nuestra vida, para que seamos recibidos por Él en la eternidad de su Reino de luz y de paz.”


FRANCISCO, 26 de noviembre de 2017

miércoles, 22 de noviembre de 2017

EL AHORA VS LO ETERNO: UNA OPINIÓN.

"En los últimos años de su vida, el famoso monje americano Thomas Merton vivió solitario, en una ermita, intentando encontrar mayor soledad en su vida. Pero la soledad es una cosa muy elusiva y Merton descubrió que se le estaba escabullendo constantemente.

Sin embargo, una mañana sintió que la había encontrado, en ese momento al menos. Pero lo que experimentó fue, de alguna manera,  una sorpresa  para él. Resulta que la soledad no es un cierto estado alterado de la conciencia o incluso una cierta sensación intensificada de Dios o de lo transcendente en nuestras vidas. La soledad, tal como él la experimentó, era estar totalmente dentro de su propia piel, al interior del momento actual, consciente con gratitud de la inmensa riqueza encerrada dentro de la ordinaria experiencia humana. La soledad consiste en estar suficientemente dentro de tu propia vida, de forma que puedas experimentar realmente lo que allí se esconde.
Pero eso no es fácil. Es raro que nos encontremos a nosotros mismos dentro del momento actual. ¿Por qué? Por la manera como estamos construidos. Estamos sobrecargados para este mundo. Cuando Dios nos puso en este mundo, como nos dice el autor del Libro del Eclesiastés, puso “eternidad” en nuestros corazones y por eso no vivimos fácilmente en paz en nuestra vida.

Leemos esto en la Sagrada Escritura, Libro del Eclesiastés, en el famoso pasaje sobre el ritmo de los momentos oportunos de la vida. Allí se nos dice que hay un tiempo y un momento oportuno para cada cosa: Un tiempo de nacer y un tiempo de morir; un tiempo de plantar, y un tiempo de cosechar lo plantado; un tiempo de matar, y un tiempo de sanar… y así sucesivamente. Pero, después de enumerar este ritmo natural del tiempo y de los momentos oportunos, el autor acaba con estas palabras. Dios ha hecho todo adecuado al tiempo propio de cada cosa, pero en el corazón humano ha sembrado eternidad, de forma que los seres humanos no sincronizan con los ritmos de este mundo desde el principio hasta el fin.


El vocablo hebreo usado para expresar “eternidad” es “Ha olam”, una palabra que indica “eternidad” y “transcendencia”. Algunas traducciones inglesas lo expresan de esta manera: Dios ha puesto un sentido del pasado y del futuro en nuestros corazones. Tal vez esa traducción lo plasma de la forma mejor, al menos en cuando al modo cómo nosotros experimentamos esto, por lo general, en nuestras vidas.

Sabemos por experiencia lo difícil que es estar dentro del momento
actual, ya que ni el pasado ni el futuro nos dejarán solos. Están siempre influyendo en el presente. El pasado nos ronda con canciones de cuna  medio-olvidadas y con melodías que provocan memorias pasadas, con amores encontrados y perdidos, con heridas que nunca cicatrizaron, y con sentimientos incipientes de nostalgia, pesar,  y con necesidad de aferrarse a algo que pasó en otro tiempo. El pasado está siempre sembrando inquietud en el momento presente.

Y el futuro igualmente se abre paso a sí mismo al interior del presente, vislumbrándose como promesa y amenaza, exigiendo siempre nuestra atención, sembrando siempre ansiedad en nuestras vidas y despojándonos siempre de la capacidad de saborear realmente el presente. El  presente está influenciado siempre por obsesiones, angustias, quebraderos de cabeza y ansiedades que poco tienen que ver  con la gente con la que nos sentamos a la mesa.

Los filósofos y poetas dan a este fenómeno diversos nombres: Platón lo llamó “locura procedente de los dioses”; los poetas hindúes lo han llamado “nostalgia del infinito”; Shakespeare habla de “anhelos inmortales” y San Agustín lo llamó, con el nombre más conocido y famoso de todos, “incurable inquietud”. Inquietud que Dios ha colocado en el corazón humano para que se guarde de encontrarse a gusto y estable en algo que es menos que infinito y eterno: “Nos has hecho para ti, Señor, y nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en ti”.

Así pues, resulta muy difícil estar presente de modo pacífico en nuestras vidas, sintiéndonos relajados dentro de nuestra piel. Pero este “tormento” -así lo llamó alguna vez el famoso poeta y dramaturgo anglo-estadounidense T.S. Eliot-, tiene su finalidad. El escritor espiritual Henri Nouwen, en un pasaje extraordinario que a la vez da nombre a esa lucha interior e indica para qué sirve finalmente, lo formula de este modo: Nuestra vida es un tiempo breve vivido en expectación, un tiempo en el que la tristeza y la alegría se besan mutuamente en cada momento. La tristeza tiene una cualidad que domina todos los momentos de nuestra vida. Parece que no existe algo así como una alegría pura y bien definida, sino que, aun en los momentos más felices de nuestra existencia, sentimos un dejo de tristeza. En cada satisfacción hay una conciencia de limitaciones. En cada éxito hay un temor de envidia. Detrás de cada sonrisa hay una lágrima. En cada abrazo hay soledad. En cada amistad, distancia. Y en todas formas de luz aparece la conciencia de la oscuridad circundante. Pero esta experiencia íntima, en la que cada pequeña porción de vida queda afectada por una pequeña porción de muerte, hace posible que nos asomemos más allá de los límites de nuestra existencia.

Esta experiencia íntima puede obrar así haciéndonos anhelar con expectación el día en que nuestros corazones se colmen de perfecta alegría, una alegría que nadie nos podrá arrebatar. "

RON ROLHEISER. "Lidiando para vivir con intensidad el momento presente". (Artículo publicado en ciudadredonda.org)

martes, 14 de noviembre de 2017

MERTON SE MIRA Y NOS MIRA.

"El hombre que vive dividido, vive en la muerte. No puede encontrarse a sí mismo porque está perdido; ha dejado de ser real. La persona que él cree ser, no es mas que un sueño defectuoso. Y cuando muera descubrirá que ya  desde hace tiempo había dejado de existir..."

 NUEVAS SEMILLAS DE CONTEMPLACIÓN.


"Finalmente estoy llegando a la conclusión de que mi mayor ambición es ser lo que ya soy. Que nunca cumpliré mi obligación de superarme a mí mismo a no ser que primero me acepte, y si me acepto plenamente del modo debido, ya me habré superado a mí mismo. Porque es el yo inaceptado el que se interpone en mi camino, y seguirá haciéndolo mientras no sea aceptado. Cuando lo es, es mi escalón a lo que está por encima de mí. Porque así es como el hombre ha sido hecho por Dios, y el pecado original fue el intento de superarse a uno mismo siendo como Dios, es decir, distinto de uno mismo. Pero nuestra semejanza con Dios empieza en nuestra persona. Debemos hacernos como nosotros mismos, y dejar de vivir a nuestro lado”. 

DIARIOS.

"Para mí, ser santo es ser uno mismo". 

THOMAS MERTON.
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lunes, 6 de noviembre de 2017

TODO LO SANTO.


“Las formas y caracteres individuales de los seres que viven y crecen,
de los seres inanimados, de los animales,
de las flores y de toda la naturaleza,
constituyen su santidad a los ojos de Dios.

Su esencia es su santidad.
Es la huella de la sabiduría
y la realidad de Dios en ellas.
La especial y torpe belleza de ese potro
en este día, en este campo, bajo estas nubes,
es una santidad consagrada a Dios
por su sabiduría creadora,
y proclama la gloria de Dios.

Las pálidas flores del cornejo
que crece fuera de esa ventana son santas.
Las florecillas amarillas que nadie percibe
al borde de aquel camino
son santas que contemplan el rostro de Dios.

Esta hoja tiene su propia textura,
su trama de fibras y su forma santa propia,
y  lo que hace santas a la perca y a la trucha
que se ocultan en los profundos remansos del río
son su belleza y su fuerza.

Los lagos ocultos entre las colinas son santos
y el mar también es un santo que alaba a Dios
sin interrupción
con su majestuosa danza.

La gran montaña, hendida y medio desnuda,
es otro de los santos de Dios.
No hay otro como ella.
Es única en su especie;
no hay nada en el mundo que haya imitado
ni pueda imitar jamás a Dios
de la misma manera.
Esa es su santidad.

Pero ¿y tú? ¿Y yo? "

THOMAS MERTON




AQUÍ ESTAMOS.

Queridos amigos y amigas, estamos de vuelta después de casi dos meses. Gracias a todos los que se han preocupado por nosotros a raíz del huracán Irma, sea por mensajes, por llamadas o con su pensamiento y oración.

 Con las dificultades habituales de nuestro país y otras agravadas por el huracán, en la próxima entrada hoy volvemos después de una pausa, con un tema primordial para Merton y para este blog:
 LA SANTIDAD.



Conocer el pensar y el sentir, el VIVIR, de Merton solo por sus escritos en prosa, sería una forma incompleta de conocerlo. Nos hace falta adentrarnos  también en su obra poética, en la que nos dejó mucho para reflexionar y saborear.  Así que regresamos hoy con el tema de la santidad, en uno de sus poemas. 
Nos vemos enseguida.

jueves, 14 de septiembre de 2017

HURACÁN.



Con gran dificultad hemos podido conectarnos a internet en un hotel de La Habana  para que sepan los amigos del blog que estamos bien.
 Los grandes daños que el huracán Irma ha causado en nuestra isla hace apenas unos días, impedirán por un tiempo actualizar tanto este espacio como el de Nouwen y La Puerta de la Confianza.

Contamos con su oración por los damnificados y con su lealtad como lectores. 


lunes, 4 de septiembre de 2017

EL SILENCIO QUE HABLA.

"Hay que predicar el mensaje de la misericordia de Dios por la humanidad. Hay que proclamar la  palabra de la verdad. Nadie puede negarlo. Pero no son pocos los que comienzan a sentir la futilidad de incrementar la contínua riada de palabras que se vierten sin sentido sobre el mundo en todas partes, día tras día.

Para que el lenguaje tenga algún significado, debe haber intervalos de silencio en algún momento, para separar palabra de palabra, y expresión de expresión.

Quien se retira al silencio no necesariamente odia el lenguaje. Quizás sea el amor y el respeto por el lenguaje el que le impone silencio, pues la misericordia de Dios no se escucha en palabras a menos que se escuche en el silencio: 
antes y después de que se pronuncien las palabras."

THOMAS MERTON.
 Humanismo Cristiano. En el mar de los peligros.

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

AMIGOS DE THOMAS MERTON.

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.